La rateada convocada por Facebook, primero en Argentina y luego en Uruguay me pareció un hecho digno de meditar.
Mi esposa y yo tenemos diferencias. Y me parece bueno discutir el tema más ampliamente.
En primer lugar, diferenciemos fin de medios: el fin inicial de la rateada era un fin de semana largo, en tanto que el medio era faltar a clase.
1.- La mentira de una rateada
¿Está mal “ratearse”?. La verdadera rata implica faltar a clase con engaño y o mentira. Se trata de hacer como que va a clase pero va a otro lado sin que los padres lo sepan. En el caso del viernes 14 de mayo, o bien no consistía en una verdadera rateada o al tomar estado público la convocatoria impidió la mentira.
No está bien que las personas mintamos, por tanto, la genuina rateada no debería ser mostrada como buena, apoyada por los adultos.
Algunos comunicadores dijeron en Argentina que los grandes medios actuaron como represores y terroristas la hablar de la rateada.
No podemos analizar ahora esto pero entiendo que, si los medios lo que hicieron fue informar de algo que menores de edad estaban haciendo a espaldas de sus padres, mintiéndoles o engañándoles, creo que estuvieron bien en su primera notificación ya que daban cuenta de una mentira de sus hijos.
Y los padres estuvieron bien si reprendieron a sus hijos por estar pergeniando una acción que implicaba una mentira.
2.- Una rateada falsa
Llamamos “rateada falsa” a la que terminó convocándose públicamente y que no implicaba por esto ni mentira ni engaño.
Una vez que tomó estado público, la rateada siguió convocándose, y en Uruguay se hace junto al llamado a una concentración en un parque público.
Ahora ya no implicaba una mentira, al menos tan flagrante (porque debería verse si los padres sabían o no de la rateada).
Entonces debe analizarse también, caso a caso, si el padre sabía o no de lo que iba a hacer su hijo, pero no puede juzgarse de incorrecta sin más.
3.- La rateada como expresión y prueba
Las rateadas de ambos países implicaban también una expresión de poder de convocatoria y comunicación y de autonomía de los jóvenes respecto a la familia y al sistema educativo.
Fue un desafío. Se habló de padres, educadores y funcionarios del estado preocupados por esto. El fin no justificaba la mentira. ¿Qué debía hacer el mundo adulto?
Creo:
- que estuvo bien en no reprimir,
- en avisar que se iba a computar la adhesión como falta normal en el sistema educativo - y que se debe orientar en la materia porque estos hechos se constituyen en una excelente posibilidad educativa.
4.- Para la discusión: cuáles han de ser esas pautas orientadoras
Orientar sobre las ratas: que implican mentir y no se puede construir relaciones basadas en la mentira y la desconfianza, sobre los peligros de estar en lugares inadecuados, sobre las “malas influencias”, etc.
Orientar sobre la autonomía: ¿de qué y para qué?
Orientar sobre el papel de las redes sociales, la falsificación de identidades (mañana puede un adulto pedófilo organizar un movimiento de “libertad sexual juvenil” ante webcam para sus propios fines).
Y más.
5.- ¿Deben los medios tener un papel orientador también? ¿En qué sentido?
CONCLUSIÓN
La rateada da pie a muchísimas reflexiones. Pero la primera es que, con independencia del resultado, los jóvenes lograron llamar la atención masivamente, hacerse oír. Colaboremos con ellos a expresarse para poder acompañarlos en la vida y que no se frustren.